EL ARTE DE PESCA DE LAS BALLENAS JOROBADAS

Volvíamos a Hoonah tras pasar unos días explorando las bahías de Chatham Strait (Tenakee Inlet, Warm Springs Bay… Lee “La muerte me perdonó”) en el velero de mis amigos llamado Ishmael, cuando fuimos testigos de un espectacular rito de pesca por parte de estas inmensas criaturas denominadas ballenas Jorobadas (así las llaman porque arquean el dorso antes de sumergirse).

Estas ballenas miden entre 14 y 19 metros en su edad adulta y pesan sobre los 35.000 Kg. Se encuentran en todos los océanos del mundo y soportan largas migraciones –se alimentan en aguas frías y se aparean en aguas más calientes. Son las ballenas más acrobáticas del mundo pues saltan impulsando todo su cuerpo fuera del agua. Es increíble ver a esa gran masa de toneladas saltando graciosamente, asemejándose a una bailarina danzando sobre el océano ¡Aunque el agua que salpican al caer podría hundir una embarcación!

Sus enormes bocas no poseen dientes sino unas enormes barbas –como las del cepillo de dientes pero gigantes- que las ayudan a mantener la presa en la boca mientras expulsan el agua. Se alimentan de krill (diminutos crustáceos marinos) y de pequeños peces.

Y esta es la manera en la que pescan de la que yo fui presente. Lo llamaré el “arte de pescar con burbujas” (en inglés la palabra técnica es “bubblefeeding” o comiendo de las burbujas).

Las ballenas jorobadas, en grupos de 4 a 12 individuos, al avistar un banco de peces nadan en círculo por debajo de ellos expulsando burbujas que rodean al banco forzándolo a juntarse, y al sentirse aturdidos por esta masa de burbujas tratan de escapar subiendo a la superficie y es entonces cuando una de las ballenas da una señal y todas se precipitan a la superficie al unísono con sus enormes bocas abiertas, para zamparse a la mayoría de peces posibles.

El espectáculo es increíble, nosotros nos hallábamos a unos escasos 10 metros de ellas y esta acción se repitió durante casi una hora en un intervalo de 4 a 6 minutos.Veíamos burbujas explotar en la superficie del mar y sabíamos exactamente por donde iban a aparecer las gigantes bocas de estos maravillosos e inteligentes mamíferos.

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UN ALUCINANTE ENCUENTRO CON ORCAS

Tras pasar un par de días en una idílica casa flotante con unos amigos, debíamos volver en lancha hasta donde teníamos el 4×4 aparcado –unos 3 km por una bonita bahía- pero no cabíamos todos, así que un chico y yo nos montamos en los kayaks y no nos importó remar de vuelta.

 

Llevábamos unos 15 minutos remando en aguas tranquilas, alejados de la orilla, rodeados de montañas calmas. Comenzó a chispear, el mar ennegreció y tan solo se escuchaba el silbido de un águila cuando de repente 4 orcas rompieron el agua, a unos 40 metros de nosotros…

 

El macho era tan grande que su aleta de más de medio metro se curvaba hacia abajo. Con él iba una hembra y dos orcas más pequeñas –no sabría decir si eran crías o no.

Al ver a estos majestuosos animales salir del agua los cuatro al unísono, tan cerca de nosotros, y nosotros tan pequeños y tan lejos de la orilla, se me puso el corazón en la garganta y me palpitaba velozmente.

La sensación fue más fuerte que los dos encuentros que tuve con osos donde pensé que nos atacaban seguro. Pero recordé que alguien me había dicho que no hay noticias de ataques de orcas a humanos en Alaska.

Miré a mi amigo, que soltó un “Wooooooow” entre incrédulo y alucinado, y le dije que remáramos hacia ellas, que las quería ver más de cerca. Por supuesto él no estaba muy convencido pero me siguió. Unos segundos más tarde estas cuatro poderosas ballenas desaparecieron en el agua. Volvió la calma a la bahía pero por mi mente pasaron mil ideas en un instante: me imaginé al macho con la boca bien abierta en frente de mi kayak…Glub! Me imaginé a la hembra volcando el kayak y yo desapareciendo en las frías aguas, sentí cómo el frío me paralizaba los músculos al intentar nadar hacia la orilla… imaginé a las dos orcas pequeñas lanzando mi cuerpo al aire como un juguete… destrozándome como a una muñeca de trapo. Me alegra no haber sido la primera de una mortal estadística!

Volvieron a aparecer en la superficie, ya bastante alejadas de nosotros, siguiendo su rumbo quién sabe a donde. Fue un encuentro alucinante.

UN LORITO ARCOIRIS EN MI WC

El lorito arcoiris es un loro de tamaño mediano, sobre los 20-30 cm, con un plumaje muy colorido y brillante. Se encuentra en Australia, Papua Nueva Guinea, Vanuatu, Nueva Caledonia y las islas Salomón, o sea, en climas tropicales. Su dieta consiste mayoritariamente de fruta y néctar.

Es un ave muy común y en algunas zonas de Australia y Nueva Zelanda se le considera incluso una peste pues rivalizan con otras especies autóctonas en el tema de la comida, destrozan cosechas de fruta y son muy ruidosos en las ciudades.

Sydney está llena de ellos. El verano pasado -2010- tuvimos una semana de mucho calor y fue entonces cuando sucedió lo siguiente: era mediodía y hacía un calor insoportable, sobre los 40º Celsius, el aire era caliente y pesado. Fui al lavabo –tiene una ventana que da a la calle- y cual fue mi susto al encontrar algo oscuro flotando dentro del w.c. Al mirar mejor vi que se movía un poco y al cogerlo me di cuenta de que era un pájaro. Supuse que el pobrecito entró a refrescarse y no pudo salir porque le resbalaban las patitas. Estaba exhausto, casi muerto. Lo envolví con un trapo y lo sequé lo más que pude.

Nota: por el color oscuro del pico deduje que era muy jóven, pues en edad adulta se vuelve anaranjado.

Luego lo bajé al jardín para que le tocara el sol y su plumaje fue adquiriendo unas tonalidades de verde, naranja y azul que brillaban a medida que se iban secando. El pájaro ni se movía, sus ojos cerraditos. Así estuvimos alrededor de una hora, hasta que comenzó a espabilarse.

Lo llevé a casa y le di manzana y agua con miel. Ya saltaba del sofá a la mesita y luego sobre mi. Se quedó dormido en mi cuello y nos echamos la siesta juntos. Me seguía por toda la casa, con su graciosa manera de andar de pato, y sobrevivió la noche.

 Al día siguiente lo volví a bajar al jardín y lo puse sobre un pequeño árbol. El pájaro empezó a tomar confianza trepando por las ramas arriba y abajo. Supe que ya estaba listo, y así fue. Tomó el vuelo y jamás lo volví a ver. Cada vez que veo uno de esos loritos le llamo, a ver si es él. La verdad es que me robó el corazón.