UNA RANA QUE CAMBIA DE COLOR -Y UN SUSTO DE COCODRILO

La llaman la “rana de árbol de labios blancos”. Se encuentra en la selva tropical de Queensland, Australia y también en Papua Nueva Guinea. Puede llegar a medir 14 cm. siendo la hembra la más grande. Viven hasta 10 años. Su color suele ser verde brillante pero dependiendo de su entorno cambia de color: se torna más amarilla o incluso verde oscuro y marrón.

Con el adecuado permiso, en Australia puedes tener esta ranita de mascota. La verdad es que es un animal muy dócil y se come los insectos que encuentra por su camino.

La semana pasada fui a visitar a mi amigo en Queensland y encontramos unas cuantas. Cogimos una, la fotografié y luego la pusimos en un gran baúl. Al día siguiente la rana había cambiado totalmente de color, de amarillo-verde claro a verde oscuro, y sus patitas se tornaron rosas.

La ví por primera vez en mi primer viaje a Queensland, en 2006. Yo tenía una vieja campervan perfecta para viajar –os hablaré de ella en otra ocasión- y una amiga se vino un par de semanas conmigo. La primera noche paramos frente a un río y había allí un cartel de “cuidado con los cocodrilos” y nos asustamos tanto que casi no nos atrevemos a ir a los lavabos públicos que allí había. Finalmente decidimos salir y con miedo empujamos la puerta, guardando distancia por si salía un cocodrilo del lavabo… Nada. Entré yo primera, hice pis y al tirar de la cadena algo se movió en el water y di un grito tan fuerte que mi amiga gritó también –yo ya veía cocodrilos por todas partes!

Resultó ser el anca de una rana que estaba escondida en el wc –tal vez ella pensó que nosotras éramos las cocodrilas! Mi amiga y yo tiramos de la cadena por lo menos 10 veces, riendo sin parar pues cada vez que lo hacíamos bajaba medio cuerpo de la rana.

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PEGAMENTO RÁPIDO PARA UNA HERIDA

En Alaska salí a pescar Halibut -es como un lenguado pero de tamaño enorme- con unos amigos y cogí uno de un tamaño decente. Tras pelearlo un buen rato me dolía el brazo…

Al volver a puerto mi amigo sacó un gran cuchillo y nos enseño a filetearlo. Nos avisó de que estaba muy afilado y que andáramos con cuidado. Cuando llegó mi turno traté de hacerlo como él nos acababa de explicar y creí que lo estaba haciendo bien hasta que se me resbaló el cuchillo de las manos y por reflejo traté de agarrarlo, su cuchilla rebanando la yema de mi dedo pequeño.

La sangre brotaba sin parar y me apreté la herida fuertemente con la otra mano. Así estuve unos cuantos minutos pero al soltarla volvía la sangre. Me dieron dos opciones: ir a la clínica a que me pusieran un par de puntos o Super Glue. Me decidí por la segunda opción. Desde entonces llevo siempre super glue en el botiquín.

Este remedio lo he vuelto a utilizar hace no mucho, ganándome el mote de “La superglue” allí donde trabajé.

UN INCREÍBLE PEZ LLAMADO SALMÓN

En Alaska conocí de primera mano la vida del salmón, ese maravilloso pescado anaranjado tan sabroso a la plancha o en canapés -eso es lo único que yo sabía antes de un viaje que me llevó a las frías aguas del Inside Passage, a trabajar conduciendo un barco de pesca comercial  de salmón.

Es tan curiosa la historia de este pez que deseo contarla aquí.

En el Pacífico se pescan 5 tipos de salmón – King, Sockeye, Silver, Pink y Chum.

El salmón nace en un río de agua dulce, donde vive durante aproximadamente un año tras el cual baja a la mar a perderse por los océanos durante unos 3 a 5 años, dependiendo de la especie. Nadie sabe exactamente donde van. Lo que sí se sabe es que increíblemente vuelven, tras este largo viaje,  al mismo río que los vio nacer.

El salmón no escoge al azar cualquier otro río, solamente regresa al río donde nació. Y si éste ha cambiado físicamente, si por ejemplo el ser humano ha construido una presa que no le permite avanzar río arriba, el pez morirá a los pies de dicha presa.

Cada anochecer –es un decir pues allí en verano no anochece- al volver de pescar anclábamos en una bonita bahía resguardada de los vientos, en frente de un río donde veíamos a los salmones saltar, luchando contra la fuerza del agua para tratar de llegar lo más arriba posible y allí desovar. Y esta es otra hazaña increíble de este pez: morir para dar vida.

Antes de remontar el río el salmón deja de comer y su cuerpo se transforma totalmente –algunas especies cambian radicalmente de color, a otras les crecen dientes o incluso desarrollan una chepa.

La lucha por nadar río arriba, a contracorriente, venciendo obstáculos como cataratas,  osos, rápidos y el propio cansancio llevan a un gran porcentaje a la muerte. Sólo los más fuertes consiguen llegar a la meta y dar vida, a cambio de su muerte. Increíble.